Eficiencia, conciencia y colaboración en tiempos donde lo único cierto es la incertidumbre

Por Lorena Vargas, Gerente General de Guivar Transforma

Hablar de crisis en la industria forestal puede sonar contingente. Sin embargo, para quienes llevamos años en este rubro, la incertidumbre no es una excepción: es parte estructural del negocio.

Durante la última década hemos enfrentado una seguidilla de eventos que han tensionado de forma permanente la operación. Desde los mega incendios forestales de 2017, pasando por la intensificación del conflicto en la macrozona sur, hasta el estallido social de 2019, que instaló un escenario de inestabilidad política y regulatoria.

A esto se sumó la pandemia, que no solo impactó la operación, sino que generó una disrupción logística global sin precedentes: crisis de contenedores, alzas históricas en los costos de transporte y una volatilidad extrema en los mercados. Luego que el precio de la madera viviera un auge extraordinario entre 2020 y 2021, vino una caída abrupta en 2022, reflejando con claridad la fragilidad del equilibrio en el sector.

En paralelo, la guerra entre Rusia y Ucrania provocó un shock energético relevante, al que posteriormente se sumaron alzas de aranceles que impactaron directamente la exportación de productos forestales, presionando aún más la competitividad. El conflicto en Medio Oriente ha vuelto a tensionar el precio del petróleo, generando un efecto en cadena que impacta toda la estructura de costos. En una industria donde gran parte de los insumos se transportan o se importan, estas variables externas terminan permeando cada decisión operativa

A nivel local, el escenario tampoco ha sido más estable: el alza estructural del diésel, la menor disponibilidad de materia prima, el cierre de aserraderos y la desaceleración de la construcción en mercados clave como Estados Unidos y China han estrechado significativamente los márgenes.

Frente a este escenario donde la incertidumbre no es coyuntural sino permanente la actitud no esperar una curva de equilibrio sino cómo decidimos operar dentro de él. Para una empresa como Guivar Transforma, actuar con flexibilidad sin perder el rumbo estratégico no es una opción, es una necesidad. Y no se trata de improvisar, es adaptarse con criterio, entendiendo con claridad dónde se genera valor y dónde se pierde.

La cadena productiva

Aquí cobra especial relevancia la cadena productiva. Durante años, la industria ha tendido a optimizar procesos de manera aislada, sin dimensionar el impacto sistémico de esas decisiones. Ese enfoque ya no resiste. Cada decisión en este sector tiene efectos en cascada. Cuando no existe conciencia de ello, aparecen ineficiencias, pérdidas invisibles y distorsiones que terminan afectando el resultado global.

Una condición de la sostenibilidad es avanzar hacia mayor valor agregado, mejorar la eficiencia y maximizar el uso de los recursos. Estas son decisiones que deben asumirse con responsabilidad, entendiendo su impacto en todos los actores de la cadena: comunidades, proveedores, clientes y colaboradores. Cada decisión debe tomarse con una mirada de bien común, pensando en su sostenibilidad en el largo plazo.

Es clave relevar el rol de las pequeñas y medianas empresas. Las pymes no solo aportan flexibilidad —una ventaja competitiva evidente en entornos inciertos—, sino que además representan más del 60% del empleo a nivel nacional. Su estabilidad y desarrollo no son un tema sectorial, sino un asunto país. Las pymes somos parte del ecosistema de las grandes compañías, y cuando ese ecosistema no se coordina, la cadena completa se debilita.

Si como industria no somos capaces de fortalecernos de manera conjunta, corremos el riesgo de perder relevancia El desafío es mayor si consideramos que la madera compite con materiales sustitutos en la construcción, en un escenario difícil de revertir.

La madera es uno de los materiales con mayor proyección hacia el futuro: es renovable, eficiente y capaz de capturar del orden de 800 kilos de CO₂ por cada metro cúbico en construcción, posicionándose como un actor clave en el desarrollo de soluciones sostenibles.

Es indispensable fortalecer el encadenamiento productivo desde una lógica colaborativa. Esto implica estar conectados, comprender los desafíos de proveedores y clientes, y no perder de vista que el servicio es un eje central del negocio.

El desafío no es menor, pero tampoco es nuevo. La diferencia es que hoy exige un estándar más alto: más eficiencia, mayor conciencia, mejor gestión y, sobre todo, una colaboración genuina.